El caos de la pista de atletismo de Gandia: improvisación, opacidad y clubes abandonados

Lo que debía ser una mejora para el deporte local se ha convertido en un nuevo ejemplo de mala gestión municipal. La paralización de las obras de la pista de atletismo de Gandia ha destapado una cadena de errores, falta de previsión y una preocupante ausencia de soluciones reales por parte del Ayuntamiento.

Esta mañana, la coordinadora general de Urbanismo, Maite Alonso, y el concejal de Deportes, Jesús Naveiro, se han reunido con los clubes usuarios de la instalación para comunicarles que la empresa encargada de las obras se ha declarado en concurso de acreedores en el extranjero y no podrá finalizar los trabajos. Una noticia que, lejos de tranquilizar, ha incrementado el malestar de deportistas, entrenadores y familias, que llevan meses sufriendo retrasos, molestias y una instalación inutilizable.

Desde el consistorio se insiste en que se trata de una “situación sobrevenida y ajena al Ayuntamiento”. Sin embargo, los clubes cuestionan duramente esta versión. ¿Cómo es posible que una empresa en una situación financiera tan delicada haya sido contratada sin que nadie lo detectara? ¿Dónde están los controles, las garantías y los planes de contingencia?

La reunión ha dejado un sabor amargo. No se han dado plazos concretos, no se ha presentado un calendario de actuación y, una vez más, se ha hablado únicamente de “estudiar opciones”. La principal vía planteada, la cesión del contrato a una tercera empresa, es a día de hoy solo una hipótesis, sin fechas ni compromisos firmes.

Mientras tanto, los clubes siguen sin pista, los atletas sin un lugar digno para entrenar y competir, y Gandia continúa acumulando proyectos inacabados que reflejan una preocupante forma de gestionar el dinero público.

La pista de atletismo no es un capricho: es una infraestructura básica para el deporte base y federado. Lo que está ocurriendo no es solo un problema técnico, es un fracaso político. La ciudad merece explicaciones claras, responsabilidades asumidas y, sobre todo, soluciones inmediatas. Todo lo demás suena, una vez más, a excusas.

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